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21 de enero de 2012

Reencuentro

Hoy me reencuentro con vos, viejo y querido blog.

Hace tiempo te tengo olvidado...

Bah, no te tengo olvidado, los buenos y entrañables amigos nunca se olvidan. Lo que pasa es que  siempre fuiste un lugar para ejercitar la escritura de historias que podían tener más o menos componentes catárticas o autorreferenciales pero que nunca quisieron ser textos encabezables con un "Querido diario:".

Y de pronto toda la parafernalia y vértigo a los que te lleva una red social como Blogger no era la que quería vivir en mis visitas a la web y todas esas reglas de cortesía de visitar y comentar para ser comentado y visitado me sonaron a obligación. Y para obligaciones tengo el mundo real.

Pero resulta que mi mentor "cuasi obligador" a que me decidiera a abrirte, Don Mario, resulta que se decidió a recopilar sabores entrañables, mezclar recetas con historias y yo no podía dejarte ahí tirado por el resto de los tiempos y volví a recorrer tus entrañas, donde Blogger cambió todo: estética, accesos, funciones y otras yerbas y se encendieron las ganas de dejar unas palabras.

En fin, veremos como sigue esta relación.

Abrazo

16 de diciembre de 2010

Fin de ciclo

Hoy terminé el ciclo escolar más largo que me tocó transitar en un Colegio: 13 años de enseñanza primaria.

Claro está que no ha sido como alumno (estaría cual pollo al spiedo girando y girando sin parar junto al fuego si así fuera) sino como padre. Experiencia que tiene lo suyo, vale aclarar.

Esta mañana acompañé pleno de orgullo y satisfacción a Pilar, mi hija menor, a su último acto como abanderada sin dejar de recordar con un nudo emotivo en la garganta que ella apenas nacía cuando entré al Colegio a cumplir mi primera actividad oficial: inscribir para Jardín de Infantes a Milagros, mi hija mayor, que bien vale mencionar también terminó su séptimo grado siendo abanderada.

Y en ese hall vacío de alumnos, morada del kiosco asiduamente concurrido en los recreos y antesala del patio cubierto donde se llevaron a cabo la mayoría de los actos escolares que presencié, me inundaron la vista un sinnúmero de imágenes vividas allí nomás y, por qué no reconocerlo, alguna que otra furtiva lágrima que me negué a dejar salir.

Es que de pronto estaba la Hermana Luisita haciéndonos saber que sin dudas de alguna manera la Virgen (la advocación de María Auxiliadora en este caso) te llama para que formes parte de esa Casa.

Y estaban los más de 60 compañeros de mis hijas que me tocó conocer y mucho llegué a querer, algunos de los cuales formaron parte de esos viajes de egresados que me tuvieron de padre acompañante (experiencia maravillosa y enriquecedora por demás, vale reconocer y recomendar)

Y estaba la señorita Vicky arrebatándome gentilmente de los brazos a Pilar, con sus pañales a cuestas, llevándola a recorrer el Colegio que tantas veces la iba a contener con el fin último de que tuviera mis manos libres para fotografiar a Milagros en algún pintoresco acto de Jardín (cuanto más chicos mas hermosos y adorables los chicos).
Y las monjas y las maestras que tanta contención nos brindaron a mí y a mi familia en los momentos dolorosos que tuvimos que vivir y que tanta alegría nos expresaron ante los hechos proveedores de felicidad que también nos tocaron vivir en estos años compartidos.

Y las reuniones de la Unión de Padres, a las que mucho no fui porque preferí trabajar por los alumnos y por el Colegio desde una posición extraoficial ante las malintencionadas críticas de esos émulos de canes del hortelano devenidos en padres de compañeritos de mis hijas algunos de los cuales tuve que sufrir hasta ayer. Claro está que después se sumaron otros que por fin también fueron borrados ayer de mi vida, entre los que se encuentran supuestos amigos a los que en familia les abrimos la casa y hasta el corazón y de buenas a primeras nos dieron la espalda o, lo que resultó mas doloroso, fueron modernos Judas que nos hicieron saber del dolor del saberse traicionado.

Pero los chicos siempre son lo mejor que nos puede suceder. Los propios y los ajenos. Siempre tendrán alguna salida que destapará alguna sonrisa que hace olvidar, al menos por un rato, de los avatares de la vida de adulto.

Y descarto ya la narración de más imágenes del recuerdo porque estaría horas y más horas y páginas y más páginas escribiendo y la vida sigue y dicen que para muestra basta un botón.

Me retiro de este texto con la imagen del abrazo que me propinó uno de los compañeros de Pilar en Córdoba, tal vez porque fue totalmente inimaginado a partir de que desde su casa llegó uno de los portazos al sentimiento más doloroso, el cual vino acompañado de un “Te quiero mucho”, al que le pude responder un “yo también te quiero mucho” y sentir algo muy parecido a la satisfacción de la tarea cumplida.

5 de diciembre de 2010

Hasta luego, Chunga

Y cambió de barrio nomás la tía Chunga. Elsa Iris según el documento pero a casi nadie le importaba esa combinación, era La Chunga.

Es mi abuela tía. Esa tía que cumplió el rol de abuela a falta de los representantes maternos aprovechando que sus hijos eran todavía adolescentes cuandos a mi vieja se le ocurrió parirme y hacer que fuera el más chiquito de la familia.

Y si bien el tiempo y mi propia boludez me aislaron y me hicieron estar lejos estos últimos años, las imágenes de ella que llevo grabadas son espectaculares y la vida me dio el changüí suficiente como para estar ahí nomás cuando rajó a encontarse con mi viejo y los otros que nos están preparando la bienvenida cuando sea nuestro tiempo.

Así, recuerdo los primeros años de la primaria en su casa de Banfield recibiéndome unos días antes de que comenzaran las clases con un cuaderno "borrador" en el que me adelantaba algun tema que vería ese año o repasando lo aprendido antes. Claro está, todo esto mientras se dedicaba a armar bijouterie para agregar unos pesos a su sueldo de maestra jubilada; esa bijouterie que yo le ayudaba a confeccionar en cuanto me aburría de los ejercicios, cosa que sucedía bastante rápido, debo confesar.

Otra imagen imborrable era ella atendiendo el kiosco de la ya inexistente Clinica Temperley o el de la Galería Visión más adelante. Horas y horas pasaba haciéndole compañía, llegando a la gloria cuando podía atender a algún cliente.

En fin, la seguiré extrañando. Por eso vayan este par de perlitas nada más para enhebrar en algún collar imaginario que quizás esté armando en este momento.

14 de diciembre de 2009

Me cambiaron el humor

Definitivamente la web da para todo.

Y en ese todo vengo a descubrir unos personajes maravillosos que trajeron aire fresco a unos días de atmósfera agobiante y desilusiones varias. Desilusiones de esas que te fortalecen muchísimo más de lo que quisieran los desilusionadores de turno.

Gracias Eric, Belu, Figo, Paula y todos aquellos que se han sumado a este hato de locos adorables.

Locos adorables que vaya a saber si perseguían un fin noble, o, como dijo el Licenciado, sólo buscaron una excusa para hacer chanchadas.

No juntaron cien mil firmas, pero la venían pasando bomba en el Facebook. Perdón por ser cortamambos, pero si les parece me retiro por un tiempo más extenso... Todo sea por el bienestar de mis amigos!!!!

Besos y abrazos a mansalva.

Natxus has just come back (o como merda se escriba)

PD: El sueño me hizo injusto con el canalla Ariel. Ahora sí se completó el círculo de locos lindos que vale la pena tener cerca. (Hay más, pero a estos los vengo arrastrando casi de mis ppios...)

20 de octubre de 2009

27 años no es nada

Hacía 27 años que no entraba a Pucará, el club que durante mi adolescencia me vio defender sus colores rojo y azul, y de alguna manera fue como si el tiempo no hubiera pasado.

Claro está que sólo de alguna manera, porque de todas las otras restantes no cabía duda de que el período transcurrido había producido cambios de todo tipo; pero no en la estructura del gran chalet de tejas devenido en edificio principal del club, con bufet incluido, que aún conserva el inmenso hogar a leña ahora remozado con su repisa de madera donde descansan algunos trofeos. Ni en la galería que da a las canchas de rugby, con la N° 1 bien al frente como para ver los partidos algo lejos pero sentado a una mesa compartida en familia. Ni en las baldosas rojo cerámico tan desgastadas como cuando nos juntábamos ahí esperando que llegaran todos los integrantes del equipo para ir a cambiarnos y salir a jugar.

Si hasta me parecía ver llegar al Topo Bernatek, bien colorado él y negándose a hablar porque durante el verano le había cambiado la voz a un tono grave que seguramente hoy conserva. O al Vasco Saralegui, bien capitán y buen compañero de todos. O al Sajón, con su patada que se fue perfeccionando a base de práctica y confianza y que tan importante fuera para que pudiéramos salir campeones en aquel glorioso 1981. O a cualquiera de los otros veintitantos que de la mano del Corcho, el pájaro Bonfante y Kuky Lacarra dimos la vuelta en el club Monte Grande porque una dura refriega de la primera había hecho que la cancha estuviera suspendida un par de fechas.

Y a Kuky el azar lo cruzó en mi camino al baño. ¡Si estaba igualito! Tan canoso como yo y calzado en el nuevo modelo de camiseta, claro está, pero absolutamente reconocible y entrenando forwards como antaño.

Fue extraña la sensación. Acompañaba a mi hija menor que juega hockey en San Lorenzo [vaya casualidad de colores] y le tocaba enfrentar de visitante justamente a Pucará. Y yo no me sentía visitante. Estaba en casa. Pero no había nadie que me lo confirmara o con quien pudiera hablar largo y tendido sobre eso porque ya tampoco pisaban esos pastos o porque me resultó imposible reconocerlos. O que ellos me reconocieran a mí.

Y no importa que los modelos de camiseta y pantalón sean distintos, ni que todos los chicos vistan indumentarias del mismo color y no todo ese arco iris de rojos y rosados tan común en mis tiempos de jugador juvenil, ni que hubiera carteles con publicidad en las canchas, ni que la calle falucho ahora esté pavimentada y se hayan perdido las huellas en la tierra, ni que tantas miradas desconocidas me dieran la suficiente vergüenza como para no animarme a caminar en extenso por las canchas de tenis, el gimnasio o los rincones más alejados del campo donde se improvisaban asados y picados de fútbol; la pasión, mantenida a fuerza de leer diarios antes y páginas de internet ahora para saber como va el equipo, se me atragantaba en la garganta con locas ganas de subirme a la tribuna y gritar ¡Dale Rojooooo! Y cuanto cantito me tuviera que aprender para ponerme al día.

Será por todo esto que no me dolió tanto que el equipo de Pili perdiera. Y supongo que algo de todo esto que hoy escribo le debo haber transmitido a mi hija, porque no pareció importarle mucho a ella tampoco.

1 de junio de 2009

30/05/2009 - Una crónica piojosa.

Segunda parte.
[viene de acá]

Pasaron canciones de la primera época: Labios de seda, Ando ganas, Manise, Esquina Libertad, Tan solo y el clásico aumento de aroma dulzón en el ambiente y Todo pasa. Llegó el turno de Luz de Marfil y el magnífico pogo generalizado con el agregado de nubes de vapor frente al escenario que no eran producto de ningún dispositivo artificial. En ese momento, como ya es clásico, Ciro deja el escenario para que Micky cante su Fijate y Tavo le pusiera su voz a Sudestada.

Como parecía un buen momento para bajar al campo, se lo propuse a mi acompañante que pensó lo mismo y así viví lo que sería una frutilla del postre, que fue pisar el campo del Monumental y ver las tribunas desde ahí abajo. Si bien lo único descubierto que había era la pista de atletismo, en un extremo se veía un pequeño espacio verde barroso que no dejó de ser pisado por quien suscribe brindándose uno de esos pequeños grandes placeres que no hacen a la felicidad pero suman.

Desde nuestra nueva ubicación vimos aparecer nuevamente a Ciro para hacer la habitual Fantasmas pero esta vez caracterizado él de la forma como suele verse en la pantalla del fondo. Utilizó un Rock and Roll clásico en ingles que ni de casualidad se como se llama que terminaba enganchado con zapatos de gamuza azul para desmaquillarse. Siguieron ShupShup, Difícil con el desconsolado llanto de Milagros allá por donde estuviera y Manjar.

Durante el clásico Pistolas aparecieron los niños piojosos, algunos nuevos, algunos más crecidos que antes, saludando a los músicos, presagiando que se venía Canción de cuna y el irremediable moqueo de este padre baboso que no sólo tenía la oportunidad de escucharlo en vivo por primera vez, sino que además lo hacía abrazado a uno de sus soles. La emoción de ese momento no impidió que viera que no era el único emocionado con un piojito con él en esa zona del campo y con un par de jovatos llorosos cruzamos alguna mirada cómplice de mutuo entendimiento y admiración.

El silencio absoluto en que quedó sumido el estadio permitió que un fan leyera un emotivo mail que enviara al enterarse de que la banda paraba por tiempo indeterminado y que Ciro presentó como ícono de tantos otros que se recibieran del mismo tenor.

Tanta emoción fue la antesala de la vuelta hacia las plateas donde nos que damos hasta el final escuchando Farolito, Verano del 92, Desde lejos no se ve, Cruel y Genius. La introducción de Ciro a Pacifico, diciendo que no era bueno para los discursos pero que la letra expresaba lo que él y la banda sentían en ese momento de despedida nos iba alertando de que este último ritual estaba terminando. El balneario de los doctores crotos fue la antesala de otro momento mágico, como si el cielo se hubiera puesto de acuerdo con las miles de almas en que era el momento justo para empezar a sentir nostalgia. No había terminado el primer acorde de Buenos días Palomar cuando volvió la lluvia para quedarse hasta el final del show. Finale trajo la lectura de trapos de Ciro y contrariando todo lo conocido, cuando terminó el tema no se encendieron las luces sino que vino la dedicatoria de Ruleta a Mario Pergolini que transmitía para la Rock and Pop al que siguieron totalmente fuera de programa El Viejo, de Pappo, Los mocosos y Muévelo, que de no haber sido porque disposiciones municipales así lo disponían no hubiera sido el último tema ni de casualidad.

Con las luces del estadio encendidas era fácil entender por qué el celular no permitía mandar ni el más mísero mensaje o hacer llamadas: tanta gente junta en tan poco espacio no podía hacer otra cosa que saturar cualquier intento de comunicación. Así y todo, el reencuentro con Mili y su amiga fue rápido y efectivo.

La adrenalina que nos dejara el show era mucha como para seguir comentando casi a los gritos las distintas vivencias que pasamos pero no por eso se dejaba de sentir ese cosquilleo de quien extraña a eso que tanto aprecia y estima.

¡La puta, que se los va a extrañar!

30/05/2009 - Una crónica piojosa.

Primera parte.

El sábado pasado me tocó vivir uno de esos momentos que el “Nano” Serrat tan bien definió como en los que la vida te besa en la boca. Claro está que por sí solo no alcanza a compensar todas las hijaputeces que suele hacerme más o menos habitualmente la tan mentada señora; pero valió la pena y la sensación sigue siendo maravillosa.

El solo hecho de compartir una salida con mis hijas ya es incalificablemente placentero y si a eso le sumamos condiciones climáticas adversas, acompañarlas en su primera experiencia de estar en un estadio de fútbol junto con otras 65.000 personas y que veríamos el último recital de una banda como Los Piojos la situación se torna prácticamente mágica.

Debo reconocer que no empezó fácil la salida. Si bien con Mili y Pilu, de quince y once años respectivamente más una amiga de la mayor nos retrasamos sólo 15 minutos respecto a las dos horas antes que pensábamos llegar al estadio, las vicisitudes de necesidad sanitarias a las que ya estoy acostumbrado a partir de una vida familiar abarrotada de mujeres, el sábado presencié la rotura de un nuevo récord de cola y espera de uso del sanitario femenino en el Mac Donald’s de la Avda. Libertador: 50 minutos por reloj.

La esperanza de que la lluvia hubiera cesado se desvaneció al volver a la calle y caminar bajo su manto por aproximadamente seiscientos metros para llegar al final de la cola de ingreso a las adyacencias del estadio, distancia recorrida en sentido inverso al ingreso por la calle Udaondo, claro está. La minuciosidad del cacheo aseguró que semejante fila desbordara los controles 5 minutos antes de las 22:00 hs. cuando evidentemente éstos fueron instruidos para que franquearan el paso porque el show arrancaba a las diez de la noche sí o sí. Digo evidentemente, porque cuando nos encontramos corriendo cual pasajero de tren retrasado en el andén, todavía nos faltaban dos cuadras para llegar al primer vallado, por lo que esta parte del relato queda en el marco de la teoría.

Nos habíamos organizado en parejas. Definiríamos un punto de encuentro para la salida y Mili y su amiga se perderían entre las huestes del campo acercándose al escenario y con Pilar disfrutaríamos del espectáculo desde algún lugar más placentero alternando entre las plateas bajas y el fondo del campo. El detalle que complica más allá de la mejor organización esta vez fue que, por la lluvia, las cuatro entradas las tenía en mi poder lo cual hizo que a la corrida inicial hubiera que agregarle la que nos depositó en las puertas del estadio cuando se escuchó la vos de Ciro que empezaba a cantar “Te diría”. Un iluminado de los que escasean pero aparecen justo a tiempo avisó que se podía acceder al campo por la entrada que daba a las plateas de la cabecera, así que hacia ahí nos dirigimos y entregué las entradas que no necesitaba y ví como se perdían las adolescentes más allá de las escaleras no sin que antes cantaran “piedra libre” marcándome la columna donde nos veríamos para salir.

Llegamos con Pili al pasillo que separa las plateas bajas y medias para cuando arrancaba “Babilonia”.

- Le erré por uno – le dije, pues yo había vaticinado que con ese tema darían comienzo al recital.

La mirada entre sagaz y comprensiva me hizo saber que podría haberme ahorrado el pensamiento y la frase, por lo que me dediqué a disfrutar de lo que siguió, más predispuesto a responder preguntas que a inducir a alguien de como vivir esa noche. De paso me percaté que la lluvia ya no era ni llovizna.

[sigue acá]

18 de mayo de 2009

Hasta siempre, Don Mario

Este blog sigue de luto unos días más. Qué le vamos a hacer, ya la mesa de truco está quedando chica allá arriba y en cualquier momento arman el torneo.

8 de mayo de 2009

09/05/2009

Hoy hace cinco años que cambiaste de barrio y te extraño un montón. Y ni te cuento lo que te extrañan tus nietas. Si bien no fueron muy asiduos los encuentros, sí fueron intensos y, en algún punto, no estoy haciendo tan mal eso de transmitir valores, principios y recuerdos como vos lo hacías conmigo.

Eras bastante parco para exteriorizar tus sentimientos más profundos -cuanto más fuertes, más difícil de te era sacarlos afuera- pero ese brillo en los ojos te delataba. No hace mucho la vieja me pasó una nota que escribiste cuando nació Milagros y mostraste la hilacha por completo.

Considero que no me quedaron asignaturas pendientes contigo a la hora de las palabras, los abrazos, los “te quiero”. Te di todos los que me salieron y pedí y recibí todos los que vinieron de vos.

A menudo me gustaría poder conversar con vos sobre lo que me pasa, escuchar tu punto de vista tan particular y tan ecuánime que me enseñaste a tener sobre las cosas y que tanta falta me hace rescatar en tiempos de revoltijos y oscuridad. Pero como me dijo hace un tiempo una monjita del Colegio de Pilar, en esos momentos escucho lo que me dirías si estuvieras del otro lado del teléfono o de la mesa.

En fin, expresar mi admiración por vos, agradecerte absolutamente todo lo que me diste o hiciste por mí no es para nada necesario porque sé que lo sabés. Pero tal vez no se lo haya hecho saber a mucha gente que hoy quiero que lo sepa y que no me cabe ninguna duda que si se hubieran cruzado con vos alguna vez por estos lares pensarían igual.

Estás en mi corazón y en el de tus nietas y nada ni nadie te va a sacar de ahí.

30 de abril de 2009

Comunicación epistolar

Ayer, el amigo Ariel publicó una encendida carta de Juan a su amada Victoria y dejó flotando la idea de quien quisiera escribiera una posible respuesta. Como no pude son mi genio, le envié un texto que no sólo le agradó sino que tuvo la generosa amabilidad de publicarlo hoy en su blog.

Como surgió la idea de publicar las cartas en ambos sitios dándole cada uno una introducción propia, transcribo ambas a continuación ante las eventuales perezas de los visitantes que quieran ahorrar clicks en los respectivos links.

Encontrarán entonces, a una Victoria que contesta como mujer real con quien su amante encontrara el éxtasis pero también como esa mujer anhelada desde lo inmaterial que significa alcanzar la gloria. Gloria y éxtasis, tan diferentes y tan iguales según quien los alcance.

Victoria:
Te escribo desde el tren. Un tren que yo amaba, con canciones recordándolo, y que ahora me parece el principio del exilio, al que me obligaste cuando cerraste tu ventana ante mi.
Se que hay muchas cosas que no puedo darte. Mis limitaciones vienen de siglos y de las sombras, cada vez mayores en mi alma.
Sombras que yo no puse, pero que dejé entrar irremediablemente, y ahora no tengo como expulsarlas, como exorcizar mi alma de mi propio espíritu derrotado.
Con el tiempo se que vas a comprender, que el no hacer nada fue hacer mucho, mucho más de lo que podía. Quizás pequé de ingenuo, quizás aún no aprendí mi verdadero valor, poco o mucho, pero el verdadero, el que yo sé que es real, y no el del grupo de aduladores que me suben a un pedestal para mantenerme lejos, atado a otra realidad. Pero no es de excusas de lo que quería hablarte... si a esto puede llamársele hablarte.
Cerraste tu ventana y mi entrada a tu mundo. Me dejaste fuera, retorciéndome los dedos de las manos en un ademán nervioso, respirando frío y viendo la tormenta acercarse, solo, sin refugio. Pensaste que eso era mejor a lo que tenía para darte. Y guardaste tus sonrisas para otra vez, tu música en el desván sin color de la soledad, y te llevaste tus dibujos donde no hay luz.
Y así me vi privado de todo, entendiéndote, suspirando con resignación, aclarándome la garganta para decir algo que no dije, y que no iba a cambiar nada de todas formas.
Quisiera alguna vez volver, que me dejes pasar nuevamente, tomar algo caliente luego del crudo invierno que me espera, y volver a hacerte reír. Se que es poco, quizás, pero tu risa siempre fue música para mi alma. La misma que descubrimos mutuamente el uno del otro, la misma que calló en el presagio de otoño al cerrarse tus ojos.

Juan


Juan:
Recibí tu carta y tus encendidas palabras hicieron que se me helara el alma. ¡Vaya paradoja ante tanta pasión de la tuya en carne viva!
Sabías, aún antes de que me fijara en tí, que me correspondía el rol de la dama esquiva de las novelas románticas del siglo XVIII y que ante la aparición de un caballerotal vez más joven, tal vez más apto, tal vez más apuesto, iba a cambiar la dirección de mi mirada si no me conquistabas día a día, hora a hora, segundo a segundo. Está en mi esencia y lo aceptaste desde el momento mismo en que iniciaste tu camino de seducción.
Sabías del riesgo que asumías cuando aceptaste al grupo de obsecuentes que necesitaban colocarte en ese frágil pedestal del que ellos mismos te bajarían a pedradas cuando ya no quedaran satisfechos sus ruines intereses contigo en ese lugar.
Cambiaste mi mirada, a veces dura, a veces tierna, por sus ensordecedores cantos de sirenas que impidieron que me oyeras cuando susurraba mis apasionadas palabras a tu oído.
Porque, quiero que lo sepas, yo te amé con locura. Me sedujeron tu impronta, tu garbo, tu forma de llamar mi atención y tu mirada febril de amante que llega al borde de la desesperación en el instante previo a que su amada le corresponda.
Y no te equivoques: hoy cerré mi ventana, pero el acceso a mi mundo sigue tan abierto como el primer día en que te fijaste en mí. Depende de tí, y tan sólo de tí, que yo cierre la ventana por la que ahora me dejo observar y vuelva a recibir los cálidos rayos de tu luz a través de la que te corresponde.
Y sólo en tu corazón se encuentra la llave que destraba este cerrojo, tan fuerte hoy y tan débil cuando es tu momento. Hurgando en él encontrarás las señales que dejé en tí para que supieras que mi risa y mi mirada siguen disponibles para tí para cuando te decidas a tomarlas nuevamente
Victoria

29 de abril de 2009

No estás solo, sabelo

Este post está dedicado a todo aquel que atraviese un momento en el cual necesite sentir que una voz amiga le dice algo como esto.



Aunque te abraces a la luna,
aunque te acuestes con el sol
no hay mas estrellas que las que dejes brillar,
tendra el cielo tu color
No estés solo en esta lluvia
no te entregues por favor.
Si debes ser fuerte en estos tiempos
para resistir la decepcion
y quedar abierto, mente y alma,
yo estoy con vos.
Si te hace falta quien te trate con amor
si no tenés a quien brindar tu corazon
si todo vuelve cuando mas lo precisas
nos veremos otra vez.
No estés sola en esta lluvia
no te entregues por favor.
Si debes ser fuerte en estos tiempos
para resistir la decepcion
y quedar abierta, mente y alma,
yo estoy con vos.
Si te hace falta quien te trate con amor
si no tenés a quien brindar tu corazon
si todo vuelve cuando mas lo precisas
nos veremos otra vez.

27 de abril de 2009

Toco y me voy


No sin antes agradecer el acto de generosidad extrema pergreñado por Clau, paso a cumplir la consigna que viene adosada a la gratificación recibida: Compartir el premio con ocho blogs y contar ocho de mis sueños. Allá vamos...

Empiezo con los blogs. Como toda selección de un número determinado de elementos de un conjunto que contiene un número mucho mayor de ellos la selección será arbitraria y totalmente sesgada por los estados del ánimo y de la memoria en el momento de hacerlo.

Hecha la aclaración, hecha la lista:

Uno de los primeros que leí y comenté: un maldito aparato que no arranca
La desnudez de un astro administrado por quien siempre tiene una palabra de aliento.
El de alguien que no anda perdonando por ahí, pero conmigo hace excepciones (si no lo hiciera le cortaría los víveres... je!)
Un lugar iluminado de alguien con quien no comparto su gusto futbolero pero me encanta lo que escribe
No tendrá nombre pero se la re banca
El carburador de una máquina que no sé por qué me hace añorar el tiempo en que tenía su edad
Una década más que interesante y un autor más interesante aún
El espejo de una madraza aunque parece ser que a veces anda medio colgada

Y lo más difícil, lo que de alguna manera puede desnudar el alma: los sueños. El orden no hace a la importancia ni nada que se le parezca, es como salen nomás

- Pasar una Navidad en Nueva York
- Conocer la Antártida
- Que mis hijas sean excelentes personas
- Que mi viejo me acompañara de una forma más terrenal y no desde el Cielo
- Que toda la droga del mundo desapareciera perdiéndosele en el orto a cada uno de los productores y los dealers de esta Tierra
- Nunca perder la memoria
- Recorrer Argentina
- Que quienes quiero no me olviden a pesar de todos los esfuerzos qeu yo haga para que lo logren.

En fin, voy a buscar un poco de ropa y a pensar algún otro post.

Saludos.

24 de abril de 2009

”Formemos jóvenes buenos …


La expectativa que generaba el primer día de clases del primer año en el Colegio Nacional de Banfield es, aún hoy, indescriptible.

Recuerdo que la mayoría de los nuevos compañeros y compañeras eran desconocidos excepto por algún par heredado de la Escuela primaria. A todos nos pasaba lo mismo y en algún punto era una experiencia excitante el intento de adivinar si aquella chica o chico que vimos al dar el examen de ingreso o al asistir a la asignación de divisiones iba a resultar una o uno de quienes formarían parte de ese grupo que se iniciaba prácticamente de la nada y que terminaría (claro que a esas alturas nadie lo imaginaba) siendo una amalgama de sentimientos, emociones, lealtades, defensas, e incondicionalidades indisolubles, en el cara a cara de cada día a día posterior al egreso y en el corazón con los años que siguieron.

El Colegio estaba ubicado a dos cuadras de la estación Banfield de la línea Roca de trenes, del lado Oeste de esa ciudad tal como la separan las vías del ferrocarril, las que no sólo habían logrado implantar esa denominación según los puntos cardinales, sino que sin duda eran responsables de que se construyera la antigua casona de estilo inglés para usufructo de algún empleado británico jerarquizado, que el tiempo y un par de educadores visionarios se habían encargado de convertir en sede del CONABA.

En ese momento la planta baja del edificio original albergaba 2 cursos: 1ro. 1ra y 5to. 2da.. Se accedía atravesando un recibidor que tenía una pesada puerta de madera con vitraux y rejas negras al frente y una doble puerta cancel con vidrios partidos biselados para acceder al hall principal, no sin antes atravesar un patio al frente que lo único que no venía con la casa era el mástil, a la derecha del acceso, y el cartel con el nombre del colegio en el techo a cuatro aguas que guarecía el portón de la vereda.

Definitivamente, el aula que correspondía a nuestro curso no era recomendable para personalidades paranoicas. Estaba armada en el viejo comedor del chalet, con sendas puertas de vidrios partidos que daban al hall principal. La más cercana a la calle estaba clausurada por una línea de pupitres y la más cercana al patio era el acceso a la división. Claro está, que ambas aberturas no tenían cortinas y toda persona que esperaba ser atendida en rectoría o en secretaría se distraía observando que hacían esos chicos tan modositos y nuevitos en el Colegio. Como si eso fuera poco, la arcada que daba continuación al extremo del comedor y le permitía culminar en un bow window al frente estaba cerrada por una placa de madera que hacía las veces de pared divisoria del aula con la Secretaría. Todo esto, pintado de negro y beige.

Madera y negro. Triste combinación para que cada golpe de tiza fuera registrado por algún administrativo y la diversión básica de todo adolescente en época escolar se viera interrumpida en un lapso de tiempo ínfimo.

Claro que de todo esto nos daríamos cuenta con el tiempo. Ese primer día, bien temprano, apenas tuvimos tiempo de ver la escalera de mármol, hierro y madera que completaba el hall, la puerta que separaría nuestra aula de la de quinto, la sala de profesores, la cocina-kiosko, el busto de Sarmiento sobre el amplio hogar de leña, la preceptoría y su estrecha escalera que tantas veces nos llevaría al altillo. Sólo veíamos el patio como objetivo con las aulas nuevas y el mástil principal, donde formamos por primera vez y nos dieron la bienvenida.

También ese primer día conoceríamos la frase rectora del CONABA, que aún hoy me sigue pareciendo maravillosa…



Foto: de Micaela Ganzo en el grupo Colegio Nacional de Banfield de Facebook

23 de diciembre de 2008

(Des) Balances

Es época de balances y no puedo resistir la tentación de escribir algunas líneas sobre este 2008 que a Dios gracias está recogiendo sus pertenencias y emprendiendo una retirada muy esperada por quien suscribe.

Se da la paradoja de que quienes más me conocen y más cerca han estado de mí y de mi familia probablemente no lean nunca estas líneas; pero así y todo debo empezar agradeciendo sus presencias, sus apoyos incondicionales, sus palabras de aliento, sus silencios. En fin, todos y cada uno de los gestos que han tenido para conmigo y para con quienes amo, que es como si hubiera sido yo el destinatario.

Y a la hora de balancear lo bueno y lo malo vivido, resulta que (¡oh matemática omnipresente) no hay promedio que valga ya que cada cosa vivida tiene su propio peso específico (acá se entrometió la física) y cuando el dolor es muy grande, todo lo que genera angustia y pesar está mucho más presente que cualquier momento de alegría por mas grandioso que éste haya sido. Por eso que el sentimiento de desbalance es muy fuerte.

Sé que ha sido un año en que me ha tocado poner el hombro y apoyar a los tres amores de mi vida. Espero haber estado a la altura de las circunstancias y que cuando las aguas se aquieten y las heridas cicatricen un poco más nos podamos encontrar viviendo una buena cantidad de momentos felices y plenos que creo tanto nos merecemos.

Quiero finalizar agradeciendo también a todos y cada uno de los que han pasado y pasan por este espacio, ya sea dejando sus comentarios o sólo leyendo lo que humilde y caraduramente se publica más o menos cotidianamente. Sepan que con su presencia colaboran a que el aire que me da escribir alguna que otra tontería (confieso que no tengo pretensiones de escritor y si bien sólo me faltaría eso de “escribir un libro…” me doy por hecho con las dos hijas que tengo y la infinidad de árboles que planté en mi vida) sea más fresco aún que lo que el blog lo acondiciona.

Les dejo una particular versión de un villancico navideño tan habitual en esta época del año.

Un fuerte abrazo a tod@s y cada un@ de los que se detuvieron a leer estas líneas.


15 de diciembre de 2008

Bienvenida

Te ví fragil,
fatigada,
rosada,
como desamparada.
Y temblabas
no por frío,
por vivir.

Era nuevo todo.
vos y yo
nos conectamos.
Te acariciaba
suavemente como
temiendo tu dolor.
Y vos dejabas
que te amara.
¡Si hasta parecía
que me conocías
desde siempre!

Y era así.
Tu siempre
era minutos.
Yo estaba
a tu lado
desde antes.
Minutos, horas,
días, semanas.
Treinta y seis.

Junto a tu madre
te soñamos,
te inventamos,
te esperamos,
te anhelamos.
Y hoy te digo
¡Bienvenida
hija mía
al corazón de
esta familia!

6 de diciembre de 2008

Paternidad

Desde que compartí una mateada virtual que me hizo pensar acerca del ser padre infinidad de sensaciones e ideas han rondado mi cabeza. Más aún cuando intercambiamos opiniones con otro mateador que en cierto punto se ubicaba en las antípodas de mi forma de ver la paternidad y lo que eso significa.

Y entendí que es imposible transmitirle a alguien las sensaciones y los cambios que provoca la decisión de ser padre (o madre, para el caso es lo mismo, se generan diferentes estado y vivencias pero para el enfoque que quiero darle a estas palabras es semejante). Ya escribí sobre lo que sentí a partir de recibirme de padre, pero hay un momento previo, un click, que para cada ser humano es único y hace que la lente por la cual se mira el mundo cambie y ya nada sea igual.

Hay algo que cambia adentro. Y nada importa si desde siempre pensamos en que íbamos a formar una familia estando convencidos que cuando encontráramos con quien lo haríamos, o si un descuido o un que me importa hizo que las dos rayitas de un Evatest se formaran frente a nuestros ojos y dejamos de lado definitivamente la idea de interrumpirlo. Ese cambio se produce y chau. Podemos tener toda una vida previa sumida en la más ascéptica intelectualidad o ser una bestia que a duras penas dibuja la “o” con el culo de un vaso (cilíndrico, obvio), pero cuando decidimos ser padres, la evaluación de las cosas (que puedan involucrar a nuestros hijos) pasa del cerebro a las vísceras y no tiene vuelta atrás.

Tal vez hay un aspecto a tener en cuenta que a veces nuestra humana individualidad nos dificulta pensar, y tiene que ver con que un acto absolutamente egoísta (el que quiere traer un hijo al mundo es uno, no le pide permiso al susodicho que vendrá) que busca la satisfacción de un deseo propio genera que nunca más podamos pensar sólo en nosotros mismos sin importarnos el resto. Porque dentro del resto está esa persona que tiene una parte importante de nosotros en su ser, y les aseguro que si se siente la paternidad (maternidad) aunque más no sea un poco ya no podrá resultarnos indiferente.

Dejo un par de canciones que expresan mucho de lo que me generó y me sigue produciendo esta profesión de ser padre que he abrazado con toda devoción.





12 de noviembre de 2008

Emoción y orgullo

Terminando con la temática que ha dominado los últimos posteos, dejo a continuación la carta que me escribió el demonio adolescente que tengo de hija para la ceremonia de entrega de las velas en su fiesta de quince.

Lo de emoción, huelgan las palabras para explicar por qué. Orgullo, porque no sólo en este texto sino en los catorce restantes y en todo lo que viene escribiendo ultimamente está demostrando que orientarse para la comunicación social no ha sido una elección descabellada y uno siente que pinta bien "la nena" para ser una gran profesional y que en parte ha contribuído para eso.

Como diría Mendieta: ¡Qué lo parió!


Papá:


No sé, no tengo manera de explicarte lo mucho que te amo y lo agradecida que estoy con la vida porque decidió que vos seas mi papá. Sí, es así. Nos peleamos, sí, pero nada se compara a lo bien que nos llevamos, nada se iguala a lo hermoso que la paso cuando estoy con vos; ninguno de los conflictos es capaz ni de hacer tambalear siquiera un poco a esta relación, que para mí es fantástica, amo llevarme así con vos.

Empecemos por un punto principal: vos sos el culpable de que yo sea así, vos me presentaste a mi ídolo (y amor platónico e imposible) Ciro y desde ese momento sabía que ibas a estar condenado a llevarme a los recitales… Y así fue, no cabe duda. Creo que si me preguntaran un momento de mi infancia en el que descubrí algo que hasta ahora no cambié, puedo contarles (además de los caprichos) un recuerdo que siempre que me preguntan cómo empecé a tener determinados gustos lo menciono: no me olvido más de una tarde de verano supongo porque el sol entraba por la ventana del estudio; yo estaba sentada arriba de la caja de estrellas azules y plateadas que me había pintado mamá para guardar los lápices y que éstos dejen de estar tirados; vos tocabas en la guitarra la canción Tan Solo, de los Piojos, y yo la cantaba con vos, y ahí me contabas quién era el autor de esa canción y me dabas a escuchar más temas y yo me re emocionaba, me fascinaba. Crecí escuchando Los Piojos, Los Redondos, Sui Generis, La Renga y toda esa música que, hoy en día, en cierto punto me distingue.

Y eso es gracias a vos, porque me ayudaste a formar mi propia personalidad, me abriste los ojos y me enseñaste a vivir; no sólo respecto a los gustos, sino en cualquier ámbito de la vida. Me enseñaste a reflexionar sobre las cosas que hacía, me explicaste que hay cosas que no hay que hacer, que no hay que pensar solo en las ambiciones, que el egoísmo y el egocentrismo no llevan a ninguna parte, que todo se puede lograr si no se da por vencido. Me enseñaste matemática todo el primario, desde primer grado, y este año te enojaste porque me iba medio mal y no te preguntaba nada ajaja, me enseñaste a usar la computadora (te debés estar arrepintiendo de eso), me enseñaste a usar la cámara de fotos y la filmadora (seguro que de eso también ajajaja), me enseñaste que aunque la vida te haga las mil y una, uno tiene que ser fuerte, porque si uno se mantiene de pie ayuda a mantenerse parado al resto. Y cuanta razón que tenés!


Pero también hay que tener en cuenta que gracias a mí, sisi, gracias a mí, conociste a Las Pastillas del Abuelo, que ahora ponés los CDs en el auto siempre que vamos juntos y cantamos ajajajaj. Y también El Bordo, No te va a Gustar, La Vela Puerca y algunas más.
Amo poder confiar en vos, poder compartir los gustos y momentos hermosos juntos. Sos especial, juro y no exagero cuando afirmo que mejor papá que vos no hay, aunque a veces me insistas con cosas un tanto densas, me entendés como pocas personas lo hacen en este mundo.

Gracias por ser como sos conmigo, por ser ese compañero que estoy feliz de la vida porque lo puedo tener. Nunca, entendeme, nunca me voy a separar de vos. Aunque a veces no se note, porque la mayoría de las veces no logro expresarme del todo bien porque me cuesta, sabés que para mi sos indispensable, sin vos nada pero nada sería igual.

Decirte que te amo con todo lo que soy, no alcanza. Nada me alcanza para explicarte lo mucho que te agradezco todo lo que hacés por mí. Vos lo sabés todo eso, y con eso basta.

29 de octubre de 2008

Recibirse de padre

Hoy hacen exactamente 15 años que me recibía de padre. Responsabilidad que le cabe a Milii en este caso, que se le ocurrió aprecer en mi vida un 29 de octubre.

Profesión no remunerada económicamente y jodida como pocas. No importa que económicamente no sea rentable en tanto y en cuanto la Bolsa de Valores afectivos explota y tiene índices que serían la envidia de los mercados financieros si es que estos tuvieran corazón.

Y es jodida básicamente por la responsabilidad que significa acompañar a una personita desde su más absoluta indefensión hasta ... Iba a decir que hasta que se le suelta la mano, pero en realidad nunca se deja de acompañarla. Cambian las formas, las presencias, los roles y las necesidades; pero siempre se estará al lado para cuando se nos necesite. Y acá aparece otro aspecto de la jodidez de esta profesión: aportarle a tu hijo/a todo lo necesario para que crezca y evolucione sin ahogarlo/a logrando que sienta que uno estará a su disposición y que ese aire que le damos no es desinterés.

Como dice Serrat "cargan con nuestros dioses y nuestros miedos". Brutal y genial resumen para algo que empieza de golpe por más que haya nueve meses de preparación ya que en un segundo te queda la mente en blanco, cuando sentís a esa personita por primera vez en tus brazos y te das cuenta que nada de lo que pensabas hacer vas a poder hecerlo.

No pude presenciar el parto de Milii, y es una espina que llevo y llevaré clavada por siempre porque su terquedad (¿o será algo de orgullo?) la hizo levantar la cabeza justo antes de salir y en una cesárea no te dejan estar. Me llamaron para que la vea un toque en la cunita cuando la llevaban para la nursery y ahí nomás me enamoré. Tan indefensa, tan hermosa, tan frágil, tan génesis del tsunami que es hoy en día.

Recuerdo que la enfermera le pedí el manual de instrucciones. Me dijo que no había (¿vendrán hoy en CD o habrá una página web donde registrar el número de serie de padre para las consultas on line?). Y que tampoco corrían ni garantía ni posibilidad de devolución. ¡Cómo si realmente uno quisiera devolver semejante tesoro!.

Podría enumerar las mil y una vivencias que fui teniendo a lo largo de estos quince años, pero no es la idea de estas líneas. Es más simple todo. Es gritar que acá estoy. Tan enamorado como el primer día y orgulloso de la señorita que acompaña hoy mi vida.

14 de octubre de 2008

El camino

Recorría antiguos papeles buscando la letra de una canción que alguna vez tuve la osadía de componer y ¡Oh sorpresa! me encontré con la cruda realidad de que había sido un osado (y caradura) a repetición. No sólo eso, apareció un escrito en forma de versos que tengo el vago recuerdo de que alguna vez hubo una música que lo acompañaba...

Pero lo extraño y, por qué no, maravilloso es que está fechado hace exactamente veinte años, un 29 de Octubre.

Extraño... porque está escrito como transmitiendo una experiencia a alguien como sabiendo que lo iba a leer o escuchar.

Maravilloso... porque exactamente 5 años después nació María de los Milagros.

¿Hace falta decir que Mili es mi hija mayor y que nació un 29 de Octubre?



Cuando te vas caminando
por ese sendero que lleva a la paz
encontrás que tu camino es
siempre en subida y a veces circular.

Manos metálicas han puesto vallas
para que sea másd difícil andar.
Pero hay más manos cálidas, nuevas
que están dispuestas a trabajar
para limpiar el camino y así
sea más fácil poder transitar.
Y lograr que nuestros hijos
no nazcan con miedo a dejarse oxidar.

Si en la mitad de la cuesta
te topas con voces que te quieren parar
sigue adelante y no les hagas caso
que más manos nuevas encontrarás.
Oílas atentamente y mirá
de dónde vienen, de qué lugar,
para tener bien en claro en donde
ayuda no hay que buscar:
encontrarás camaleones y cerdos
y viejos disfrazados de juventud
y jóvenes que son viejos
y manos con sangre que quieren trabajar.

No olvides nunca que la vida es
lo más hermoso que hay que cuidar.
La nuestra, la de los otros,
la de todo aquel que quiera la paz.

Y si hay hombres que no quieren
la vida de su hermano respetar
no paremos de buscarlos
hasta que a todos podamos encerrar.
Cerremos bien las puertas,
tiremos las llaves y vamos a disfrutar
de un mundo que sin violencia
y todos muy juntos podamos armar.

Cuando llegues al final del sendero
los brazos no debes bajar
porque es posible que las mismas
voces aquellas se vuelvan a escuchar.
No dejes que te hagan desandar
ese camino que tanto costó remontar.
Y nunca más dejes que entre
los propios hermanos se vuelvan a matar.