24 de marzo de 2011

Global Positional System

Recalculando...

La entonación se le había grabado a fuego y cada letra le repiqueteaba en su cabeza.

Recalculando...

Sabía que transitaba caminos poco conocidos por él, pero nunca imaginó que iba a hacerlo a los tumbos ni que iba a sentirse así de zarandeado.

Recalculando...

Sus brazos sufrían la tensión y sus músculos doloridos le hacían recordar que tanto trajín no pasaba desapercibido por su cuerpo.

Su esposa (bah, casi ex a estas alturas) le taladraba la cabeza aprovechándose de su momentánea desorientación, trayendo a la actualidad cuanta equivocación hubiera cometido en ocasiones anteriores.

Recalculando...

No quería fallarles a sus hijos. Por ellos seguía adelante y trataba de que la angustia presente, instalada cual huésped cargoso e indeseable, no se transformara en desesperación.

Y si siempre hay una luz al final del más sombrío túnel, aunque la densa oscuridad y la propia ansiedad impidan que se divise, él debía agudizar la vista y comenzar a transitar el camino hacia la inexorable salida.

Recalculando...

Inútil seguir recalculando.

Era hora de abandonar el caótico devenir del entorno y centrarse en lo que su alma necesitaba.

De pronto, vaya a saber por qué, se acordó de ese GPS que su cuñado le había regalado en Navidad.

- Debería ponerlo en uso - pensó.

16 de diciembre de 2010

Fin de ciclo

Hoy terminé el ciclo escolar más largo que me tocó transitar en un Colegio: 13 años de enseñanza primaria.

Claro está que no ha sido como alumno (estaría cual pollo al spiedo girando y girando sin parar junto al fuego si así fuera) sino como padre. Experiencia que tiene lo suyo, vale aclarar.

Esta mañana acompañé pleno de orgullo y satisfacción a Pilar, mi hija menor, a su último acto como abanderada sin dejar de recordar con un nudo emotivo en la garganta que ella apenas nacía cuando entré al Colegio a cumplir mi primera actividad oficial: inscribir para Jardín de Infantes a Milagros, mi hija mayor, que bien vale mencionar también terminó su séptimo grado siendo abanderada.

Y en ese hall vacío de alumnos, morada del kiosco asiduamente concurrido en los recreos y antesala del patio cubierto donde se llevaron a cabo la mayoría de los actos escolares que presencié, me inundaron la vista un sinnúmero de imágenes vividas allí nomás y, por qué no reconocerlo, alguna que otra furtiva lágrima que me negué a dejar salir.

Es que de pronto estaba la Hermana Luisita haciéndonos saber que sin dudas de alguna manera la Virgen (la advocación de María Auxiliadora en este caso) te llama para que formes parte de esa Casa.

Y estaban los más de 60 compañeros de mis hijas que me tocó conocer y mucho llegué a querer, algunos de los cuales formaron parte de esos viajes de egresados que me tuvieron de padre acompañante (experiencia maravillosa y enriquecedora por demás, vale reconocer y recomendar)

Y estaba la señorita Vicky arrebatándome gentilmente de los brazos a Pilar, con sus pañales a cuestas, llevándola a recorrer el Colegio que tantas veces la iba a contener con el fin último de que tuviera mis manos libres para fotografiar a Milagros en algún pintoresco acto de Jardín (cuanto más chicos mas hermosos y adorables los chicos).
Y las monjas y las maestras que tanta contención nos brindaron a mí y a mi familia en los momentos dolorosos que tuvimos que vivir y que tanta alegría nos expresaron ante los hechos proveedores de felicidad que también nos tocaron vivir en estos años compartidos.

Y las reuniones de la Unión de Padres, a las que mucho no fui porque preferí trabajar por los alumnos y por el Colegio desde una posición extraoficial ante las malintencionadas críticas de esos émulos de canes del hortelano devenidos en padres de compañeritos de mis hijas algunos de los cuales tuve que sufrir hasta ayer. Claro está que después se sumaron otros que por fin también fueron borrados ayer de mi vida, entre los que se encuentran supuestos amigos a los que en familia les abrimos la casa y hasta el corazón y de buenas a primeras nos dieron la espalda o, lo que resultó mas doloroso, fueron modernos Judas que nos hicieron saber del dolor del saberse traicionado.

Pero los chicos siempre son lo mejor que nos puede suceder. Los propios y los ajenos. Siempre tendrán alguna salida que destapará alguna sonrisa que hace olvidar, al menos por un rato, de los avatares de la vida de adulto.

Y descarto ya la narración de más imágenes del recuerdo porque estaría horas y más horas y páginas y más páginas escribiendo y la vida sigue y dicen que para muestra basta un botón.

Me retiro de este texto con la imagen del abrazo que me propinó uno de los compañeros de Pilar en Córdoba, tal vez porque fue totalmente inimaginado a partir de que desde su casa llegó uno de los portazos al sentimiento más doloroso, el cual vino acompañado de un “Te quiero mucho”, al que le pude responder un “yo también te quiero mucho” y sentir algo muy parecido a la satisfacción de la tarea cumplida.

5 de diciembre de 2010

Hasta luego, Chunga

Y cambió de barrio nomás la tía Chunga. Elsa Iris según el documento pero a casi nadie le importaba esa combinación, era La Chunga.

Es mi abuela tía. Esa tía que cumplió el rol de abuela a falta de los representantes maternos aprovechando que sus hijos eran todavía adolescentes cuandos a mi vieja se le ocurrió parirme y hacer que fuera el más chiquito de la familia.

Y si bien el tiempo y mi propia boludez me aislaron y me hicieron estar lejos estos últimos años, las imágenes de ella que llevo grabadas son espectaculares y la vida me dio el changüí suficiente como para estar ahí nomás cuando rajó a encontarse con mi viejo y los otros que nos están preparando la bienvenida cuando sea nuestro tiempo.

Así, recuerdo los primeros años de la primaria en su casa de Banfield recibiéndome unos días antes de que comenzaran las clases con un cuaderno "borrador" en el que me adelantaba algun tema que vería ese año o repasando lo aprendido antes. Claro está, todo esto mientras se dedicaba a armar bijouterie para agregar unos pesos a su sueldo de maestra jubilada; esa bijouterie que yo le ayudaba a confeccionar en cuanto me aburría de los ejercicios, cosa que sucedía bastante rápido, debo confesar.

Otra imagen imborrable era ella atendiendo el kiosco de la ya inexistente Clinica Temperley o el de la Galería Visión más adelante. Horas y horas pasaba haciéndole compañía, llegando a la gloria cuando podía atender a algún cliente.

En fin, la seguiré extrañando. Por eso vayan este par de perlitas nada más para enhebrar en algún collar imaginario que quizás esté armando en este momento.

8 de septiembre de 2010

Ejercicio de la memoria (práctica)

A veces me encuentro jugando a reconocer imágenes, situaciones, olores, sonidos y demás yerbas que no están grabados ni en fotos ni en cintas ni en videos.

Y claro está que aparecen desde el más recóndito rincón de mi ser y hoy me susurraron al oído que querían salir a pasear más allá de mi cerebro.

Y hete aquí que se escurren por mis dedos el recuerdo del Rey Mago mayor hoy ya mudado de barrio que dejó un Karting de impactante rojo metalizado a cadena y piñón, llantas inflables y asiento regulable en algún lugar del porsche del chalet de la calle Acevedo a la espera de que la puesta en escena de camellos dejando el tendal de pasto no engullido sobre la pileta de lona en el patio surtiera efecto ante la ansiosa espera infantil aquel 6 de enero.

Y se escabulle aquel cumpleaños de Claudio (¿o era del Bati?) en el que la maceta de cemento del patio de la casa de la esquina recibió mi cabeza con los brazos abiertos dejando una importante cicatriz que hoy cierra la abertura que dejó pasar tanta sangre preocupando hasta al mas taimado. Sé que a pesar de los tiempos que corren increíblemente aún existe la Sala Cestoni de primeros auxilios donde raudamente me cocieron el marulo.

Y me veo corriendo a la par del camión de la mudadora “El Poco a Poco” que nos llevó a mis tres años de Capital a Banfield y que 35 años después, tal vez el mismo viejo camión deportó de Canning a Capital lo que no quedó en aquella quinta devenida en vivienda permanente de los viejos.

Y aparece Roberto, el eximio violoncellista que me padecía dándome clases de flauta y guitarra que terminó triunfando en USA, después de haber sido uno de los que inaugurara mi amado Colegio, el CONABA, y de que irremediablemente se diera cuenta que lo mío iba a terminar siendo un autoaprendizaje más cerca de la adolescencia.

Y el 548, llevándome por Larroque desde la estación de Banfield hasta la calle Estrada, eje cartográfico de las casas de la mayoría de mis compañeros de la Escuela 31 con quien nos juntábamos a jugar al fútbol en la canchita de Rodriguez Peña y Los Patos o en la de la Usina.

Y teniendo colgado este texto esperando darle una coda que permitiera ser publicado, resulta que no puedo dejar de acordarme de la casa de Fernando, con esa habitación dividida por ese placard que separaba su dormitorio y el de Liliana, escuchando y fascinando con las letras de Pastoral y del Flaco Spinetta; más que nunca hoy, que se fue a encontrar con Alejandro de Michelle y con sus seres amados que lo precedieron y, por qué no, a clavarse un vermucito con mi viejo.

27 de mayo de 2010

Ejercicio lingüístico matemático sobre la puteada Riolatense

Como estoy podrido que un anónimo spammer agregue comentarios en una entrada del blog he decidido eliminarla, pero como no quiero que se pierda, la vuelvo a postear.

Decía en aquel entonces que encontré un concurso de insultos muy interesante y recordé un mail recibido hace ya muchos años. Espero que lo disfruten.

Teoría y práctica de la puteada rioplatense:

Puede parecer sorprendente, pero profundos estudios lingüísticos y filológicos han revelado últimamente que ciertos giros populares del Idioma Castellano – especialmente aquellos relacionados con expresiones despectivas y condenatorias del Área del Río de la Plata – siguen una bastante rigurosa estructura matemática.

Al menos eso es lo que se desprende de los trabajos del prestigioso filólogo–matemático checo Josip Hrdlzwcka quien ha analizado las expresiones más usuales escuchadas en los estadios de balón-pié argentinos, especialmente durante los encuentros llamados “Clásicos”. Según Hrdlzwcka, las maledicencias furibundamente vociferadas por las facciones rivales (generalmente con especial mención a la genealogía materna del Arbitro del encuentro) podrían reducirse a un modelo matemático bastante preciso.

En efecto; el malediciente rioplatense ha acuñado el verbo
“Putear” como indicativo de toda una serie de exabruptos soeces basados en el sustantivo “Puta” aplicado (como queda dicho) generalmente a los miembros de la rama genealógica materna del oponente con el propósito de endosar a las mujeres de dicha rama el ejercicio de la profesión más antigua del mundo.

Pues bien, se ha comprobado que esta adjudicación profesional se realiza en una serie de gradaciones que pueden ir desde lo lineal hasta lo exponencial, admitiendo incluso escalas logarítmicas.


Por ejemplo, sea:
P = Puta


La primer gradación aumentativa que Hrdlzwcka ha aislado como componente básica de la maledicencia rioplatense, responde al concepto de duplicación y utiliza el prefijo “Re” para indicar que la intención debe entenderse multiplicada por 2. Consecuentemente, podríamos indicar:


2P = Reputa


Curiosamente sin embargo, luego de la duplicación simple aparece (casi inmediatamente) un legado del sistema métrico decimal mediante el cual el concepto se aumenta con el expeditivo recurso de multiplicarlo por mil. Así, si hacemos H = Hijo y utilizamos el símbolo de --> para indicar adjudicación preposicional, el concepto de "Hijodemilputa", podría formularse como:

H --> P x 1000


De lo cual inmediatamente se desprende que el popular “Hijoderemilputa!” quedaría unívocamente indicado en la expresión:

H --> 2P x 1000


Otra de las características típicas del malediciente rioplatense es basarse en la ley de los principios opuestos. Por ello, utiliza ampliamente el prefijo “Contra” ya sea para indicar oposición, o bien para denotar una reversión bipolar de lo que el oponente probablemente le estará deseando.

También esto es posible de ser vertido a una notación matemática ya que si admitimos que el concepto de “Contra” es básicamente una recíproca del tipo 1/x entonces la popular expresión “Recontraputa” adoptará la forma:


1 / 2P


Y consecuentemente, “Hijodeunarecontramilputa” sería:



No obstante, el genio rioplatense tiene capacidades mayores aún en materia de aumentativos. Según Hrdlzwcka no debe olvidarse la posibilidad del superlativo expresado mediante los sufijos “ísimo” e “ísima” concebibles matemáticamente como equivalentes a una función cuadrática exponencial con lo que “Putísima” sería simple y elegantemente:
En resumen, la Teoría Matemática de la Puteada de Hrdlzwcka expresa que, “Todo exabrupto proferido con intención insultante en el Río de la Plata es reducible a una expresión matemática concreta cuya expresión puede resolverse en notación simbólica sustituyendo las magnitudes intencionales por notaciones adecuadas”.

En honor a la verdad, debemos admitir que esta novedosa Teoría no ha sido lo suficientemente difundida en nuestros medios académicos, probablemente debido a la pudibundez inveterada de los círculos oficiales. No obstante, es innegable que Hrdlzwcka ha hallado un medio sumamente útil para expresar la más variada gama de puteadas con una envidiable elegancia matemática. Piénsese solamente que, por ejemplo, si hacemos M = Madre, entonces:

la (PM --> 2P x 1000) parió

es obviamente equivalente a “Laputamadrequeteremilparió” siendo que, por su parte, una expresión como “Lareputísimamadrequeterecontramilreparió” se expresa como:


Sin embargo queda en el tintero el famoso "Reverendo" y en estos casos no debemos olvidarnos de anteponer siempre, el otro signo igual de famoso:
#
por lo tanto "Reverendohijodelareputísimamadrequeterecontramilreparió" se escribiría así:


mientras que si usamos el bendito superlativo al cual se refiere Hrdlzwcka, expresado mediante los sufijos "ísimo" e “ísima” y en su defecto decimos "Reverendísimo" o "Reverendísima" entonces tendríamos que "Reverendísimohijodelareputísimamadrequeterecontramilreparió" se leería así:


lo cual es un poco más complicado pero no deja de ser tremendamente contundente...

17 de abril de 2010

Fin del Invicto

Son las 2 y cuarto de la madrugada.

Ya mis hijas se pudieron dormir al igual que Marisa. Aunque debo reconocer que a ella le costó mucho más.O sea, es un buen momento para hacer catarsis: habiendo pasado una hora desde que volví de la comisaría de prestar declaración y cinco horas y media de que sentí que bajarme del auto podría ser lo último que hacía en mi vida. Además, ya pasó un tiempo prudencial como para que no me deje llevar por la furia social a lo Feinmann de C5N.

¿Los hechos? Vengo mortificado con el tema enfermedades en la familia así que era lógico que tuviera que ir a la farmacia a buscar unos remedios llevando a mi cuñada. Cuando estamos por arrancar, una moto con dos pendejos frena violentamente delante del auto y el de atrás se baja con un revolver en la mano y corre hacia la puerta de mi lado. Mi cuñada me grita (porque los ve primero) y los dos le mostramos las manos y yo empiezo a abrir la puerta acompañando su movimiento. Mostrándome el arma nos grita que le demos la guita y que nos bajemos del auto. Mi cuñada empeiza desesperadamente a decirle que no tiene nada y yo me saco los 9 mangos que tenía en el bolsillo, agarro el puñado de monedas que llevo al lado de la palanca de cambios para los limpiavidrios que se ponen pesados con intención de dárselas tambien (de más está decir que en situaciones límites el cerebro piensa de las maneras mas extrañas y ridículas) y empiezo a rezar para que no se le dé por disparar y que ni mire la guita que le estoy dando porque si piensa que es poco aumentaban las posibilidades de ser boleta.

Todo esto en no mas de quince segundos.

Empiezo a bajar y casi a darle las monedas (que boludo me siento haber pensado eso) y veo la sombra de un auto que frena a lo bestia y escuchos gritos y un disparo.

La sensación de que no contaba el cuento ya dejaba de ser sensación para sentir que era un hecho cuando, al ver que el pendejo que parecía de unos 15 años (a la postre, 17, que para el caso es lo mismo ya que va a salir en menos tiempo que lo que yo tarde en escribir estas líneas porque es menor) sacaba lo que había metido de su cuerpo dentro del auto, veo que mi cuñada había logrado bajar del auto y estaba tirada en la vereda boca abajo por lo cual decido imitarla y me tiro sobre el asiento del acompañante esperando sentir los disparos subsiguientes.

Todo esto en los 30 segundos que siguieron a los primeros 15.

Escuchando solo gritos y pensando que la balacera solo se demoraba y era inminente, repto cual marine en película yanqui pedorra y me deposito yo tambien boca abajo en la vereda.

Todavía sin tiros pensaba ¿Vinieron mas chorros? ¿Hay canas? ¿Nos la ponen a nosotros? ¿Están viendo y escuchando esto Marisa y las nenas en casa? ¿Por qué no disparan? ¿el que se me acerca a hablar es chorro o cana?

Las respuestas vienen siendo mas o menos que al primer auto con canas de civil se le sumaron otros dos tambien de la brigada, que el que estaba en la moto se tomó el palo, que el que me habia venido a encarar estaba en el suelo adelante de mi auto esposado, que a Marisa se le dio por salir porque desde el dormitorio nos vio a su hermana y a mí en el piso con un tipo casi encima de nosotros y le daba lo mismo cualquier cosa si a nosotros nos habia pasado algo y que el tipo que me hablaba era cana y una vez que se habia asegurado que yo no era otro chorro sino el “damnificado” se dedicó a trasmitirnos tranquilidad y a pedir una ambulancia del Same ya que mi cuñada estaba con una crisis de nervios más que importante.

En 5 minutos se habian sumado 3 patrulleros, el subcomisario y el comisario de la zona y todos los vecinos de la cuadra.

Para no hacerla demasiado larga y porque ya la catarsis y el Rivotril hacen sus efectos y me quiero ir a apoliyar les cuento que mientras Marisa trataba de calmar a su hermana el subcomisario se me pega y se viene conmigo para que me vean mis hijas y se tranquilicen y me pide si le facilito un trapito para sacarse el barro de los zapatos antes de entrar a mi casa porque venía de la villa (si, la puta 1-11-14) de recuperarle el auto a mis vecinos de enfrente que se lo habian “hecho” a punta de pistola una hora antes y que algunos de mis vecinos son solidarios a más no poder y que terminamos en la comisaría declarando encontrándonos ahí con los vecinos de enfrente, justamente que tambien estaban declarando y que gracias a ese choreo, la brigada andaba dando vueltas por la zona y tuve el inmaculadísimo y enorme ojete que vieran como me estaban afanando e intervinieran justo a tiempo.

A modo de conclusión les cuento que a pesar de lo que me pasó no voy a dejar de optar por la defensa de los derechos humanos, la no discriminación, por defender la lucha por una sociedad más justa e igualitaria para todos; pero sin lugar a dudas ahora menos que antes voy a aceptar que la inseguridad es un tema imposible de solucionar.. Que los abogados y los jueces se metan su ley de procedimientos en el ocote y dejen de lucrar sacando presos, que a la cana la dejen laburar y que le impidan sólo sus extralimitaciones y no que no puedan parar un sospechoso sin comerse un sumario (de paso que la guita en seguridad la pongan en sueldos y suministros y no en coimas para comprar patrulleros nuevos, chalecos antibalas y mierdas que despues no sirven)

En fin, será cuestión de organizarse mas con los vecinos para cuidarnos entre nosotros poniendonos de acuerdo como para que no salgamos de a uno a guerdar los autos o agregar luces porque la cana no da abasto (no niego que hay corrupción y los etcéteras varios que mis amigos mas zurdos que yo puedan querer recriminar a mis palabras), los fucionarios civiles de la ciudad dejan mucho que desear y los políticos en general y en su totalidad pasado cierto estamento interno en su partido no hacen ABSOLUTAMENTE NADA por nosotros.

Ruego que se termine pronto esta histroria de pobres contra pobres y que no lleguemos a situaciones de “es él chorro o nosotros” porque como sociedad todavía nos podemos ir mucho más a la mierda de lo ya llegamos a irnos.

1 de febrero de 2010

La culpa [es] de todos

Desde que abrí este blog conocí algunas personas geniales con las que no tengo más contacto que por ese medio llamado Internet.

Bel viene siendo una de esas personas, y tiene la particularidad de que la adopté unilaterlamente como una hermana menor dada la diferencia de edad, el ineludible celo de mis hijas y los años que debería haber portado este servidor al nacer ella.

En fin, la cuestión es que hace un tiempo cerró su blog mas no sus ganas de expresarse; y mi llegada de las vacaciones se encontró con un mail con un texto que me pedía publique en este espacio.

Como no podía ser de otra manera, le cedo este post y dejo que sus palabras fluyan hacia ustedes. Eso sí: personas impresionables y menores de edad, abstenerse de seguir leyendo.


La culpa [es] de todos
by Bel

El otro día escuché dos historias más que interesantes que tuvieron lugar en la guardia del hospital donde trabaja mi vieja...

La primera:

Una "nena" de 14 años entra a la guardia con una hemorragia vaginal. Cuando le hacen la ecografía para poder diagnosticar de donde provenía, descubren que tiene el brazo y la cabeza de un bebé. Al parecer, el novio de 24 años de edad [quien no quería ser padre, y le había comprado cuanta pastilla permitida hay para abortar, o no quedar embarazada -como las del día después- y no le dió resultado], le arrancó a pedazos, o por partes al bebé del vientre con tan sólo 5 meses de gestación.

La segunda:

Una mujer de 49 años, también entra a la guardia con una hemorragia vaginal.
Situación: el marido llegó en estado de ebriedad a la casa y al parecer la violó [aunque sus desgarros y heridas indicaban que ahi no sólo había entrado un pito]. La mujer fue ingresada al quirófano, le hicieron una histerectomía, casi se muere.

Yo pienso que se pueden evitar estas situaciones.

Entiendo también, que en el segundo caso deben haber antecedentes de violencia familiar, entiendo que la mujer llega a un estado de sometimiento al cual es muy dificil de afrontar, pero no imposible.

En el primero, bueno, la cosa es sencilla, no entiendo como los padres de una criatura de 14 años la dejan salir a la hija con un tipo 10 años mayor que ella, eso por empezar.
Lo que entiendo, y que es un problema [o lo entiendo como tal] es que esa familia vive y se crió en uno de los barrios más bajos de Neuquén capital, donde los planes de jefes de hogar o de familia, o los políticos de turno les lavan la cabeza, los estupidizan para que cada vez sean más ignorantes. Que no piensen sigue siendo la mejor opcion.

Y de esto, creo que todos tenemos la culpa.

La tenemos de...

Elegir siempre a los más forros como los representantes del pueblo...

No hacer un carajo ni como personas y mucho menos como sociedad. Porque te pueden dar una ayuda, una especie de subsidio, pero las ganas de trabajar, educar a los hijos y vivir con una mínima de dignidad, ya no existe, son los menos, quienes a propósito, cada vez son menos...

Y ellos, ávaros, poderosos, con un aire de impunidad, no hay uno, ni uno [!], que haga algo desinteresado.
Y, como yo no creo ni en el cielo ni en el infierno, no creo que algún día lo paguen, porque cuando se les ocurra o se animen a procesarlos, van a haber pasado los 70 años y van a apelar al arresto domiciliario, que seguramente van a cumplir en algún country donde van a terminar viviendo como los reyes de Babilonia.

Y volviendo al tema de los subsidios, la cuestión es que si se los sacás ahora, en un principio, se te arma un quilombo de la puta madre!! Entre piquetes, protestas y cuanta cosa se les ocurra para reclamar, y, por otro lado, lo más importante... El mercado laboral (oh cruel señor!) ya tiene a estas personas dentro de la categoría de desempleados estructurales, donde ni siquiera se les puede adjudicar el mínimo significado de la palabra empleabilidad, por lo tanto... trabajar tampoco pueden!

La culpa no es sólo de ellos... es de todo el $%&#ç+ pueblo...

bel

23 de diciembre de 2009

Vacío

¿Qué escribir?

Menudo desafío terminó siendo.

Tenía pensado el desarrollo de algunas historias del tipo pero de pronto me olvidé de todas. O mejor dicho, no supe comenzar con ninguna.

Ni qué hablar de la idea de ambientar historias en mi época de adolescente con mi colegio como escenario. Todo quedó vacío.

Como ese tren que parte último de la terminal, a sabiendas de que lo consideran retraso del día pero en realidad es el adelanto de mañana.

Y con esa misma dicotomía, tal vez.

Con ganas de escribir pero con ausencia de letras y de palabras.

Sintiendo ganas de decir infinitas cosas; pero definitivamente obligado a no hacerlo. No por reprimir esas ganas. Eso es lo peor.

Miro a través del parabrisas mojado y encuentro a mi hija menor jugando su amado hockey bajo la lluvia porque a pesar del cielo endemoniadamente gris ella quiere elevar la apuesta de su pasión un poco más allá.

Y la red móvil que se niega hacerse cómplice de mi vacío y no entrega ni una sola página de Internet ni una conexión de chat como para encontrar una excusa que justifique esta falta de inspiración.

Como si este calvario fuera poca cosa Sabina entrega sus gloriosos fracasos amorosos por los parlantes y amplifica, ya no su música, sino más bien este momentáneo vacío que acompaña a esta vaya a saber si pasajera sensación de soledad.

El cielo se revela celeste y estas ristes almas que vagan alrededor absorben el color de la tormenta sin su ánimo ni su rebeldía.

En fin, parece que no estaba tan vacío después de todo.

¿Será entonces una premonición de que los otros tan que me invaden no son tan tan?

14 de diciembre de 2009

Me cambiaron el humor

Definitivamente la web da para todo.

Y en ese todo vengo a descubrir unos personajes maravillosos que trajeron aire fresco a unos días de atmósfera agobiante y desilusiones varias. Desilusiones de esas que te fortalecen muchísimo más de lo que quisieran los desilusionadores de turno.

Gracias Eric, Belu, Figo, Paula y todos aquellos que se han sumado a este hato de locos adorables.

Locos adorables que vaya a saber si perseguían un fin noble, o, como dijo el Licenciado, sólo buscaron una excusa para hacer chanchadas.

No juntaron cien mil firmas, pero la venían pasando bomba en el Facebook. Perdón por ser cortamambos, pero si les parece me retiro por un tiempo más extenso... Todo sea por el bienestar de mis amigos!!!!

Besos y abrazos a mansalva.

Natxus has just come back (o como merda se escriba)

PD: El sueño me hizo injusto con el canalla Ariel. Ahora sí se completó el círculo de locos lindos que vale la pena tener cerca. (Hay más, pero a estos los vengo arrastrando casi de mis ppios...)

4 de diciembre de 2009

Primer desencuentro

Volviendo a recorrer la web en busca de lecturas no tradicionales [las tradicionales, léase: libros, me las reservo para las vacaciones] encontré un blog de esos que rescatan elementos de décadas anteriores, que no solo tocó fibras íntimas desde el nombre sino que trajo a mi memoria la marca de remeras que generó el primer desencuentro adolescente que recuerdo haber tenido con mi padre.

A mis trece años ya había aprendido hacía unos meses a manejarme con la combinación tren-subte que desde el sureño suburbio de Banfield me depositaba en el centro capitalino; cuestión que debía agradecer a mi género masculino y a las tranquilidades que sin dudas tenía un padre por aquel año 1978 de que su hijo utilizara los medios de transporte público sin tener que pensar que estaba en riesgo de que lo "apretaran" para sacarle el celular o un par de buenas zapatillas.

Así las cosas, recorriendo la calle Florida con mi amigo Freddy terminamos en la Galería Jardín que por aquellos años desinformatizados todavía era un compendio de casas de ropa donde las remeras innovadoras a partir de sus colores y estampados eran dueñas y señoras de la mayoría de las vidrieras. Las rayas horizontales anchas de colores variados y los estampados al centro y al frente hacían furor.

Era todo un hito para mí animarme a una de esas remeras. Yo venía de terminar una escuela primaria en la que a partir de mi altura y estructura ósea permeables a sumar algunos kilos de más a los recomendables era el "gordito" que debía todavía elevar su autoestima y asumir que en su vida el talle XL sería lo estándar, no tanto por atribuciones propias como por perversas costumbres de los fabricantes de ropa que aún hoy perduran potenciadas hasta el paroxismo. Aunque en ese momento, si la confección era lo suficientemente amplia, podía usar la máxima medida que tenían disponible que era un L.

Y fue en un local con remeras Sun Surf, con estampas de olas de mar y surfistas obviamente, donde encontré el ideal que podía permitirme: una remera con un color hoy denominado pastel [color que con el tiempo aprendería que estaba ubicado entre el salmón y el naranja pero seguiría sin poder determinar el nombre correcto] con el estampado de un surfista con cara de pánico al observar que en su caída de la ola se dirigía directamente hacia una roca, grande en la espalda y una réplica del mismo en la delantera pero de menores dimensiones ubicado a la izquierda del pecho donde tradicionalmente se ven los logos de las marcas.

Pero claro, la libertad de la excursión y la compañia de mi amigo un tanto más deshinibido, me hizo prestar atención en otra remera, blanca ella, con una frase en ingles en letras azules y rojas que rezaba: "I am an alcoholic. In case of emergency buy me a beer". O sea, lo suficientemente divertida y mimetizada en inglés como para que me decidiera a comprarla también.

Cuando llegué a casa y le mostré a mi madre mis preciadas adquisiciones debería haberme dado cuenta que su expresión al ver la remera blanca no era buen presagio ya que fiel a su cultura tácita del "ya verás cuando venga tu padre" no dijo nada.

No estoy ahorrando detalles diciendo que cuando a la noche llegó mi viejo y la vio solo dijo:

- Ni se te ocurra ponerte esa remera. ¿Te das cuenta de lo que implica?

No sé si me di cuenta de algo o si el tono en que lo dijo fue lo suficientemente convincente como para que volara directo a la baulera del placard y se perdiera el tiempo suficiente como para que pasara de moda y mi cuerpo se siguiera desarrollando e impidiera que pudiera lucirla de una manera más o menos digna.

30 de noviembre de 2009

Hoy he decidido morirme.

Valga la aclaración, para todo aquel desprevenido que lea estas palabras, que no se trata de una epístola suicida ni nada parecido.

Es tan sólo eso, comunicar la decisión que tomé.

Decidí morir para instantáneamente declararme como concebido en un útero dónde mi casa serán las paredes y mis hijos la placenta y el cordón umbilical.

Y ruego, pido, suplico a aquel que me odia, escarbe en lo más recóndito de su ser y encuentre más odio hacia mi persona. Que no le quede nada guardado. Que me odie con las tripas. Con el corazón y con el alma. Que ese odio que tiene adentro aflore y se le haga carne.
Porque a mí me resulta indiferente ese odio. Es SU problema. Que lo sienta. Yo no me retorceré en ese odio. Eso lo dejo para quien necesite experimentarlo.

Y espero que quien no me conozca cabalmente o que mi presencia le resulte indiferente, aletargue una eventual inquietud que le pueda surgir hasta que se produzca el parto que me devuelva a la vida.

Y quien me quiera bien, que no me olvide. Que le tenga paciencia a este manojo de carne y alma que necesita renacer para retribuir aunque más no sea mínimamente todo ese amor recibido en la vida que acabo de abandonar.

Porque merezco dejarme amar.

Porque mis hijos merecen conocerme pleno.

Porque esta vida de mierda merece que le diga ¡Basta!

26 de noviembre de 2009

Cerrar los ojos

Cierro los ojos.

Inclino despacio mi cuerpo hacia adelante flexionando levemente las rodillas. Están algo endurecidas pero resisten la nueva posición sin problemas.

Junto ambas manos por sobre la cabeza.

Respiro hondo, me impulso, vuelo y espero que el agua se abra ante mi para poder sumergirme.

Voy hasta el fondo.

Me hago un ovillo casi fetal, giro levemente y apoyo las plantas de los pies en el cemento.

Vuelvo a impulsarme con fuerza, esta vez hacia arriba. Ya en la superficie me estiro bien horizontal y hago la plancha unos instantes mirando las chapas que hacen de cielo.

-Es una posición de estar entregado -me digo y roto sobre mi columna medio giro para comenzar un leve braceo.

Llego al borde, giro y recomienzo la cansina rutina de brazos y piernas.

Antes de llegar al otro extremo reparo en la paradoja de que ya sea haciendo la plancha o nadando sigo dentro de la misma pileta.

Abro los ojos. Despego mis manos de la nuca, miro el monitor de mi PC y, sin ganas, esbozo una sonrisa.

Tipeo.

16 de noviembre de 2009

Inmovilidad

No había caso, parecía la vida haberse ensañado con él. Lo había agarrado de un tobillo y apretaba cada vez más fuerte. Y más pugnaba por zafar, mas ceñido sentía el apretón y más real era la impresión de que se encaminaba inexorablemente hacia su cuello.

En vano habían sido todos y cada uno de los intentos de romper con esa inercia que tanto lo agobiaba y que parecía resistir a cualquier fuerza que se opusiera intentando detener esa carrera loca y desenfrenada hacia el fracaso total y la desesperación.

No bastaban los tres soles de su sistema planetario si había quedado como único planeta en órbita. La soledad y el desamparo que sentía cada mañana al cruzarse en el desayuno con ese otro planeta amor de su vida que se empeñaba en cambiar de órbita para que las intersecciones con la suya propia fueran cada vez menos se le hacían insoportables. Y la cena no era mejor. No lograba encontrar ninguna señal sobre algún remoto cambio de trayectoria que pudiera producir algún acercamiento que permitiera que las viejas fuerzas gravitacionales que los habían atraído volvieran a actuar.

Sabía que su fascinación por la ciencia, más que dotarlo de algún misterioso encanto hacía que ella , cada vez más, lo considerara un colgado irrecuperable.

¿Cuántas charlas vacías de consecuencias debían sumarse a las ya consumidas abarrotando promesas incumplidas e insultos sin sentido? ¿Cuándo iba a aceptar que todo intento de construir algo era irrelevante ante tamaño resentimiento acumulado en el corazón del amor de su vida? ¿Cuántas humillaciones tendría que soportar antes de morir ahogado por esas invisibles manos que la vida ponía en su cuello? ¿Serviría de algo rescatar del fondo del armario esa vieja pistola familiar y descargarse un balazo en la cabeza?

Cerró los ojos. De todas maneras su vista quedó clavada en algún punto del techo del baño que se negaba a borrarse de sus retinas, acorralado ante tanta oscuridad.

¿Alguien se daría cuenta de que resbaló y no podía mover más que sus párpados?

Tal vez no fuera como todos los días y alguien se dignara a levantarse sin esperar que apareciera en la planta alta reclamando porque se hacía tarde para el trabajo y los colegio privándose del placer de humillarlo un rato por su sonora intromisión.

De pronto no le importó.

Es que debía pensar cómo justificar que la caída había sido tan solo un accidente.

13 de noviembre de 2009

Mas vale tarde que nunca


Para reiniciar el camino bloggero dejado de transitar por un tiempo, mas nunca abandonado, el primer paso será saldar una deuda con la amiga Josefhine, que tan generosamente me cascoteó con un inmerecido cascotazo, que por más inmerecido uno lo sienta no deja de ser un masaje para el alma.

El tiempo trancurrido nos encuentra con amigos que han cerrado sus respectivos blogs y con otros que bien pueden sentirse abandonados, así que recurriré al viejo truco de dejar que cada quien tome el premio si lo acepta.

Saldada la deuda, proseguiremos con mayor o menor ritmo esta construcción de ranchos y recepción de cascotazos.

Nos estamos leyendo.

20 de octubre de 2009

27 años no es nada

Hacía 27 años que no entraba a Pucará, el club que durante mi adolescencia me vio defender sus colores rojo y azul, y de alguna manera fue como si el tiempo no hubiera pasado.

Claro está que sólo de alguna manera, porque de todas las otras restantes no cabía duda de que el período transcurrido había producido cambios de todo tipo; pero no en la estructura del gran chalet de tejas devenido en edificio principal del club, con bufet incluido, que aún conserva el inmenso hogar a leña ahora remozado con su repisa de madera donde descansan algunos trofeos. Ni en la galería que da a las canchas de rugby, con la N° 1 bien al frente como para ver los partidos algo lejos pero sentado a una mesa compartida en familia. Ni en las baldosas rojo cerámico tan desgastadas como cuando nos juntábamos ahí esperando que llegaran todos los integrantes del equipo para ir a cambiarnos y salir a jugar.

Si hasta me parecía ver llegar al Topo Bernatek, bien colorado él y negándose a hablar porque durante el verano le había cambiado la voz a un tono grave que seguramente hoy conserva. O al Vasco Saralegui, bien capitán y buen compañero de todos. O al Sajón, con su patada que se fue perfeccionando a base de práctica y confianza y que tan importante fuera para que pudiéramos salir campeones en aquel glorioso 1981. O a cualquiera de los otros veintitantos que de la mano del Corcho, el pájaro Bonfante y Kuky Lacarra dimos la vuelta en el club Monte Grande porque una dura refriega de la primera había hecho que la cancha estuviera suspendida un par de fechas.

Y a Kuky el azar lo cruzó en mi camino al baño. ¡Si estaba igualito! Tan canoso como yo y calzado en el nuevo modelo de camiseta, claro está, pero absolutamente reconocible y entrenando forwards como antaño.

Fue extraña la sensación. Acompañaba a mi hija menor que juega hockey en San Lorenzo [vaya casualidad de colores] y le tocaba enfrentar de visitante justamente a Pucará. Y yo no me sentía visitante. Estaba en casa. Pero no había nadie que me lo confirmara o con quien pudiera hablar largo y tendido sobre eso porque ya tampoco pisaban esos pastos o porque me resultó imposible reconocerlos. O que ellos me reconocieran a mí.

Y no importa que los modelos de camiseta y pantalón sean distintos, ni que todos los chicos vistan indumentarias del mismo color y no todo ese arco iris de rojos y rosados tan común en mis tiempos de jugador juvenil, ni que hubiera carteles con publicidad en las canchas, ni que la calle falucho ahora esté pavimentada y se hayan perdido las huellas en la tierra, ni que tantas miradas desconocidas me dieran la suficiente vergüenza como para no animarme a caminar en extenso por las canchas de tenis, el gimnasio o los rincones más alejados del campo donde se improvisaban asados y picados de fútbol; la pasión, mantenida a fuerza de leer diarios antes y páginas de internet ahora para saber como va el equipo, se me atragantaba en la garganta con locas ganas de subirme a la tribuna y gritar ¡Dale Rojooooo! Y cuanto cantito me tuviera que aprender para ponerme al día.

Será por todo esto que no me dolió tanto que el equipo de Pili perdiera. Y supongo que algo de todo esto que hoy escribo le debo haber transmitido a mi hija, porque no pareció importarle mucho a ella tampoco.

6 de octubre de 2009

Evitando el autoplagio

Por culpa de la amiga Bel! me encuentro retomando esto de presentar las propias elucubraciones en el mundo blog.

Pero como fui gentilmente convencido para que hiciera uso de su blog, estoy tomando carrera acá y me pareció que el postear duplicado era una falta de consideración para con tanta generosidad.

Así que por esta semana habrá unos cinco posteos en casa de Bel!. Ya vendrá el tiempo en que nos volvamos a encontrar por estos lares.

Nos estamos leyendo.

6 de julio de 2009

Encuentro

La noche era más oscura de lo habitual. Cerró los ojos, exhaló fuerte el aire por la boca dispuesto a reiniciar su respiración con un ritmo más pausado al tiempo que estiraba su mano derecha hacia el asiento del acompañante y dejaba que sus dedos sintieran el duro contorno bajo la franela en la que estaba envuelta.

- Es un buen lugar – se dijo como intentando convencerse que era lo correcto.

El remoto rebote metálico sobre un vidrio no lo sobresaltó hasta que se convirtió en un golpeteo cercano en su ventanilla.

Abrió los ojos lentamente más por desgano que por necesidad de acostumbrarlos a la tenue luz que el exterior le brindaba a través del parabrisas cuando lo vio, levemente inclinado, parado afuera escrutándolo detenidamente al tiempo que dejaba de golpear.

El sujeto vestía un riguroso traje bordó (¿o era rojo, muy rojo?), camisa roja, corbata más bordó que el traje. Su rostro era anguloso, bien afeitado, con una extraña y profunda mirada. Le llamó la atención el cabello no muy largo, pero lo suficientemente revuelto como para pensar que algo sostenía esas ondas elevadas donde los hombres de su edad suelen dejar que se formen las entradas indicadoras de una incipiente calvicie.

Bajó poco a poco la ventanilla y la fría brisa exterior le trajo la primera frase.

- No parece que sea tan tarde ¿no?

- Depende para qué – respondió entre sorprendido y molesto por la interrupción.

- Para hacer lo que sea que haya que hacer.

- ¿Y a este quién lo llamó? - Se preguntó, ahora sí, indignado.

¿Quién se creía que era este tipo así vestido? ¿Qué sabía que era que tenía que hacer? ¿Acaso pretendía que le contara que hacía tiempo lo estaba planeando? ¿Tendría algo que objetar acerca de que pensaba usar la vieja pistola calibre 22 que había heredado de su padre? ¿Qué interés tenía en saber que dejaría tres huérfanos y una viuda que no se merecía recibir la buena pensión que le iba a corresponder? ¿Qué carajo le importaba que se supiera un fracasado y que su voluntad hubiera sido quebrada hacía rato? ¿Por qué no había aparecido hacía cinco años cuando todavía era ambicioso y con gusto le hubiera vendido su alma? ¿Qué venía a buscar ahora? ¡Minga le iba a dar el alma! Era de él, y con ella iba a ser lo que se le cantaran las pelotas.

- No te rindas – le dijo incorporándose lentamente interrumpiendo su ya enervado soliloquio.

Cerró por una fracción de segundo los ojos pensando que al abrirlos lo vería caer encima de suyo, pero para su sorpresa, cuando los abrió estaba más solo de lo que recordaba estar cuando detuvo su auto.

- ¿No te rindas? – pensó. – ¡Eso va en contra de su negocio! ¿Quién mierda era?
Dejó que sus pulsaciones volvieran a ser las conocidas. Suspiró. Arrancó el auto y avanzó lentamente por la calle desierta.

1 de junio de 2009

30/05/2009 - Una crónica piojosa.

Segunda parte.
[viene de acá]

Pasaron canciones de la primera época: Labios de seda, Ando ganas, Manise, Esquina Libertad, Tan solo y el clásico aumento de aroma dulzón en el ambiente y Todo pasa. Llegó el turno de Luz de Marfil y el magnífico pogo generalizado con el agregado de nubes de vapor frente al escenario que no eran producto de ningún dispositivo artificial. En ese momento, como ya es clásico, Ciro deja el escenario para que Micky cante su Fijate y Tavo le pusiera su voz a Sudestada.

Como parecía un buen momento para bajar al campo, se lo propuse a mi acompañante que pensó lo mismo y así viví lo que sería una frutilla del postre, que fue pisar el campo del Monumental y ver las tribunas desde ahí abajo. Si bien lo único descubierto que había era la pista de atletismo, en un extremo se veía un pequeño espacio verde barroso que no dejó de ser pisado por quien suscribe brindándose uno de esos pequeños grandes placeres que no hacen a la felicidad pero suman.

Desde nuestra nueva ubicación vimos aparecer nuevamente a Ciro para hacer la habitual Fantasmas pero esta vez caracterizado él de la forma como suele verse en la pantalla del fondo. Utilizó un Rock and Roll clásico en ingles que ni de casualidad se como se llama que terminaba enganchado con zapatos de gamuza azul para desmaquillarse. Siguieron ShupShup, Difícil con el desconsolado llanto de Milagros allá por donde estuviera y Manjar.

Durante el clásico Pistolas aparecieron los niños piojosos, algunos nuevos, algunos más crecidos que antes, saludando a los músicos, presagiando que se venía Canción de cuna y el irremediable moqueo de este padre baboso que no sólo tenía la oportunidad de escucharlo en vivo por primera vez, sino que además lo hacía abrazado a uno de sus soles. La emoción de ese momento no impidió que viera que no era el único emocionado con un piojito con él en esa zona del campo y con un par de jovatos llorosos cruzamos alguna mirada cómplice de mutuo entendimiento y admiración.

El silencio absoluto en que quedó sumido el estadio permitió que un fan leyera un emotivo mail que enviara al enterarse de que la banda paraba por tiempo indeterminado y que Ciro presentó como ícono de tantos otros que se recibieran del mismo tenor.

Tanta emoción fue la antesala de la vuelta hacia las plateas donde nos que damos hasta el final escuchando Farolito, Verano del 92, Desde lejos no se ve, Cruel y Genius. La introducción de Ciro a Pacifico, diciendo que no era bueno para los discursos pero que la letra expresaba lo que él y la banda sentían en ese momento de despedida nos iba alertando de que este último ritual estaba terminando. El balneario de los doctores crotos fue la antesala de otro momento mágico, como si el cielo se hubiera puesto de acuerdo con las miles de almas en que era el momento justo para empezar a sentir nostalgia. No había terminado el primer acorde de Buenos días Palomar cuando volvió la lluvia para quedarse hasta el final del show. Finale trajo la lectura de trapos de Ciro y contrariando todo lo conocido, cuando terminó el tema no se encendieron las luces sino que vino la dedicatoria de Ruleta a Mario Pergolini que transmitía para la Rock and Pop al que siguieron totalmente fuera de programa El Viejo, de Pappo, Los mocosos y Muévelo, que de no haber sido porque disposiciones municipales así lo disponían no hubiera sido el último tema ni de casualidad.

Con las luces del estadio encendidas era fácil entender por qué el celular no permitía mandar ni el más mísero mensaje o hacer llamadas: tanta gente junta en tan poco espacio no podía hacer otra cosa que saturar cualquier intento de comunicación. Así y todo, el reencuentro con Mili y su amiga fue rápido y efectivo.

La adrenalina que nos dejara el show era mucha como para seguir comentando casi a los gritos las distintas vivencias que pasamos pero no por eso se dejaba de sentir ese cosquilleo de quien extraña a eso que tanto aprecia y estima.

¡La puta, que se los va a extrañar!

30/05/2009 - Una crónica piojosa.

Primera parte.

El sábado pasado me tocó vivir uno de esos momentos que el “Nano” Serrat tan bien definió como en los que la vida te besa en la boca. Claro está que por sí solo no alcanza a compensar todas las hijaputeces que suele hacerme más o menos habitualmente la tan mentada señora; pero valió la pena y la sensación sigue siendo maravillosa.

El solo hecho de compartir una salida con mis hijas ya es incalificablemente placentero y si a eso le sumamos condiciones climáticas adversas, acompañarlas en su primera experiencia de estar en un estadio de fútbol junto con otras 65.000 personas y que veríamos el último recital de una banda como Los Piojos la situación se torna prácticamente mágica.

Debo reconocer que no empezó fácil la salida. Si bien con Mili y Pilu, de quince y once años respectivamente más una amiga de la mayor nos retrasamos sólo 15 minutos respecto a las dos horas antes que pensábamos llegar al estadio, las vicisitudes de necesidad sanitarias a las que ya estoy acostumbrado a partir de una vida familiar abarrotada de mujeres, el sábado presencié la rotura de un nuevo récord de cola y espera de uso del sanitario femenino en el Mac Donald’s de la Avda. Libertador: 50 minutos por reloj.

La esperanza de que la lluvia hubiera cesado se desvaneció al volver a la calle y caminar bajo su manto por aproximadamente seiscientos metros para llegar al final de la cola de ingreso a las adyacencias del estadio, distancia recorrida en sentido inverso al ingreso por la calle Udaondo, claro está. La minuciosidad del cacheo aseguró que semejante fila desbordara los controles 5 minutos antes de las 22:00 hs. cuando evidentemente éstos fueron instruidos para que franquearan el paso porque el show arrancaba a las diez de la noche sí o sí. Digo evidentemente, porque cuando nos encontramos corriendo cual pasajero de tren retrasado en el andén, todavía nos faltaban dos cuadras para llegar al primer vallado, por lo que esta parte del relato queda en el marco de la teoría.

Nos habíamos organizado en parejas. Definiríamos un punto de encuentro para la salida y Mili y su amiga se perderían entre las huestes del campo acercándose al escenario y con Pilar disfrutaríamos del espectáculo desde algún lugar más placentero alternando entre las plateas bajas y el fondo del campo. El detalle que complica más allá de la mejor organización esta vez fue que, por la lluvia, las cuatro entradas las tenía en mi poder lo cual hizo que a la corrida inicial hubiera que agregarle la que nos depositó en las puertas del estadio cuando se escuchó la vos de Ciro que empezaba a cantar “Te diría”. Un iluminado de los que escasean pero aparecen justo a tiempo avisó que se podía acceder al campo por la entrada que daba a las plateas de la cabecera, así que hacia ahí nos dirigimos y entregué las entradas que no necesitaba y ví como se perdían las adolescentes más allá de las escaleras no sin que antes cantaran “piedra libre” marcándome la columna donde nos veríamos para salir.

Llegamos con Pili al pasillo que separa las plateas bajas y medias para cuando arrancaba “Babilonia”.

- Le erré por uno – le dije, pues yo había vaticinado que con ese tema darían comienzo al recital.

La mirada entre sagaz y comprensiva me hizo saber que podría haberme ahorrado el pensamiento y la frase, por lo que me dediqué a disfrutar de lo que siguió, más predispuesto a responder preguntas que a inducir a alguien de como vivir esa noche. De paso me percaté que la lluvia ya no era ni llovizna.

[sigue acá]

18 de mayo de 2009

Hasta siempre, Don Mario

Este blog sigue de luto unos días más. Qué le vamos a hacer, ya la mesa de truco está quedando chica allá arriba y en cualquier momento arman el torneo.